1938: Cuando el petróleo fue nuestro
En 1938, México vivió uno de los momentos más trascendentales de su historia moderna: la expropiación petrolera, un acto que definió el rumbo del país durante décadas y consolidó la figura del presidente Lázaro Cárdenas como uno de los líderes más importantes del siglo XX. Durante ese año, Cárdenas enfrentó una decisión de enorme envergadura: la expropiación de la industria petrolera, que en ese momento estaba en manos de compañías extranjeras, principalmente británicas y estadounidenses.
La industria petrolera mexicana, descubierta en el siglo XIX, había experimentado un rápido crecimiento durante los primeros años del siglo XX, pero los beneficios derivados de la explotación del petróleo eran principalmente para las compañías extranjeras, que controlaban la extracción y distribución del recurso sin una participación significativa del gobierno mexicano ni de la población local. A pesar de los enormes ingresos que generaba, México recibía una fracción muy pequeña de las ganancias obtenidas, mientras que los trabajadores del sector enfrentaban condiciones laborales extremadamente precarias.
El conflicto entre las empresas petroleras extranjeras y el gobierno mexicano comenzó a intensificarse durante los últimos años de la década de 1930. En particular, las compañías se negaron a reconocer los derechos laborales de los trabajadores mexicanos, quienes luchaban por mejores condiciones salariales y laborales. El descontento de los trabajadores culminó en una huelga masiva en 1937, que puso a Cárdenas en una posición difícil. Por un lado, tenía la presión de satisfacer las demandas de los trabajadores y fortalecer la soberanía económica de México; por otro lado, debía considerar las repercusiones internacionales de una posible expropiación, que podría dañar las relaciones diplomáticas con los países involucrados.
El 18 de marzo de 1938, Cárdenas decidió actuar con firmeza y aprobó la expropiación de la industria petrolera. A través de un decreto presidencial, el gobierno mexicano tomó el control de todos los activos de las compañías extranjeras en el país. La expropiación no solo representó un acto de justicia social para los trabajadores, sino también una afirmación de la soberanía nacional sobre los recursos naturales. La medida fue recibida con entusiasmo por muchos mexicanos, aunque provocó la condena de las potencias extranjeras y una serie de sanciones económicas, pero la decisión de Cárdenas marcó un antes y un después en la historia de México, consolidando un modelo de desarrollo económico más autónomo y soberano.
Director: Sergio Olhovich
Actores: August Armstrong, Baltimore Beltrán, Esteban Soberanes, Fermín Martínez, Ianis Guerrero, Julian Sedgwick, Karen Martí, María Penella, Mauro González, Ofelia Medina, Raúl Briones, Roberto Beck